"Aquel primer y duro verano, mientras sus padres se dejaban la piel en su largo peregrinaje hacia el océano, Mumble encontró un lugar, lejos de las miradas de desaprobación, donde un joven amante del funky podía ser él mismo."

10 mayo 2017

Dormías, y escribí hasta que llamaron.


Y el silencio de saberte dormida
me trae poemas de habitación.

Envío urgente de mis besos en cajas con un ‘frágil’ impreso, entrega a domicilio todavía en caliente tus mejillas y fírmame el corazón de por vida conforme me has recibido con los brazos abiertos.
Porque hay distancias que se comen de postre y piden siesta, que se acortan de un bostezo, una mirada. Trae esa tijera que te corto el hilo rojo del destino, que apetece más escribir una aventura que embarcarse en lo seguro. Mánchate las manos de pintura, píntame la frente, los brazos, la entrepierna. Sácame brillo y los colores, hazme el amor sincero, en el suelo. Hazme la puñeta, dime que me odias, que me muerdes. Suelta la risa que te escuece dentro, dale rienda suelta a tu falda de los domingos, sal conmigo esta noche.

Tráeme paz y róbamela luego, que tengo ganas de correr detrás de ti, de perseguirte un sueño, de hacerte perder una tarde en el sofá. Cógeme ese miedo que me pesa por las noches, hazme un remiendo en el corazón que se me deshilacha a fantasías. Rómpeme las alas que para acumular polvo no las quiero, empújame sin querer queriendo a ver si encuentro por ahí la fuerza para tropezarme otra vez con esas piernas. Muerde fuerte, muerde despacio, muérdeme un segundo. Arráncame las horas del meñique y acompáñame al abismo, que si me asomo solo acabaré hecho un ovillo, que si te asomas conmigo me creo rapaz.

Sáltate las clases y dale un capricho a tu falda. Corre por el pasillo como si hubieran saltado las alarmas. Salta los muros, cruza las murallas, vive de una puta vez contra la vida misma. Hazte un favor y ódiate un poco, hazte el daño justo para que tu corazón quiera aprender y repetir estos años con el tiempo. Deshazte el nudo de la garganta que te aprieta al hablar y al soñar.


Se interrumpe el sueño. Dormías, y escribí hasta que llamaron.

21 abril 2017

Piano, voz, vainilla.


Para Sinéad O’Connor.

Como cantaba aquel, de vez en cuando la vida. A mí no se me brindó en cueros ni me besó en la boca. No hubo nada de eso. Me trajo silencio y abrazos invisibles. Me dio horas de viaje sin moverme del sitio. Puso voz a mis pensamientos y se hizo suyas mis reflexiones. Hubo risas que no resonaron en paredes y sonrisas que no iluminaron caminos. Fuimos una burbuja en un bar.
Un nosotros que es nuevo y que nadie conoce, ni siquiera nosotros mismos. Un encuentro, en el tiempo y el espacio, en la vida. La oportuna oportunidad escondida en notas de piano, en una dulce melodía que luego se amarga en despedidas. Fue un regalo, una bomba, una trampa.
Y dejó huella. Cicatriz sin herida. Dejó un pensamiento y una huida silenciosa, una espina sin rosa. No hubo amor ni nada que se le parezca, y el sexo se quedó fuera, más allá de las fronteras que dibujamos en el margen de una libreta. Construimos un instante y lo hicimos nuestro. Y me gusta pensar que fue destino quien puso la primera piedra, casualidad y suerte de encontrarnos.
Que se nos hizo de noche compartiendo vivencias, musicales, miedos. Que una tarde puede valer siglos y que existimos más allá de los espejos. Que hay otros que somos nosotros, que cabe tu vida misma en los ojos de alguien. Porque hay abrazos que se piden, que se pierden, que se dan por cortesía. Hay abrazos que comprenden y protegen, que despistan. Porque hay calor fuera del cuerpo, viajando en las distancias cortas, en las miradas a otra parte. Hay calor que es comprensión y entendimiento sin palabras. Hay arte en cada casa, aunque esté lejos. Existe la magia.


Ayer compartí un momento, un instante reconfortante. Ayer tuve un encuentro conmigo mismo en alguna parte. Ayer conocí a mi redención, y olía a vainilla.

05 marzo 2017

A veces, a ratos.


No quiero acordarme pero me acuerdo. A veces, a ratos.

Me viene a la mente su cuerpo, como un velero que se recorta en el horizonte, y me trae un verano de luces y verbena, y espuma de mar y de cerveza, y una música de guitarra que se oye a lo lejos, en la plaza. Muy lejos de este cuarto, de esta hora intempestiva de ventanas abiertas a la madrugada. Los cuerpos aún sudados.Todo por reír y nada más que decir, y mi reino por una samba más o un vals o un mordisco leve en la mejilla.

Se me antoja su cuerpo y su figura, y se dibuja y desdibuja al mismo tiempo. Son la nostalgia y la mentira, bailando juntas. La recuerdo como entonces, como siempre. La recuerdo como no quiero recordarla y el entonces y el siempre se mezclan creando un cóctel que me explota en la cara. Y me quema la piel como quemaban las piedras al sol ese verano, quema como el alcohol que nos arrastró a la cama tantas noches, como el último trago antes de una pelea o el primer chupito después de un beso.

Y aunque quema, vuelve. Y aunque duela, volverá. A veces es un olor entre las sábanas, a veces un frenazo. Una guitarra, cómo no, o una bicicleta cuesta abajo. A veces es queriendo y a veces sin querer. A veces es un suicidio prolongado y otras una muerte prematura por sobredosis de nostalgia. No sé cómo ni cuándo, ni tampoco por qué, ni creo que lo haya. Pero volverá. Porque cuando quema, vuelve. Y cuando duela, volverá.

Porque no quiero acordarme, pero me acuerdo. A veces. A ratos.

Me acuerdo. Siempre.